Hablar de sexualidad todavía produce vergüenza en muchas personas. No es raro que, cuando algo no va bien, se tarde mucho tiempo en pedir ayuda. En mi experiencia como profesional que acompaña procesos desde la terapia sexológica, he escuchado frases como “seguro que soy yo”, “esto no le pasa a nadie más” o “me da miedo contarlo”.
Pero la realidad es que las disfunciones sexuales son mucho más frecuentes de lo que se piensa. Lo que cambia es la manera en que cada persona las vive, cómo se siente frente a lo que ocurre y el silencio que muchas veces se impone por miedo, culpa o desconocimiento.
Por eso, es importante hablar de estas dificultades con naturalidad, sin tabúes, y entender que la sexualidad también puede trabajarse desde el acompañamiento profesional.
Una disfunción sexual es cualquier dificultad que impide disfrutar plenamente de la experiencia sexual. Puede aparecer en cualquier momento de la vida, durar más o menos tiempo y estar relacionada con factores físicos, psicológicos o relacionales.
Entre las más comunes encontramos:
Estas dificultades pueden aparecer tanto en personas solteras como en pareja, y aunque algunas tienen un origen físico, muchas veces hay factores emocionales implicados.
La sexualidad no es solo algo biológico. Está profundamente influida por nuestra historia, nuestras emociones, la relación que tenemos con nuestro cuerpo, nuestras ideas sobre el sexo, e incluso por el tipo de educación sexual que hayamos recibido (si es que la recibimos).
Algunos factores que pueden influir son:
La buena noticia es que, con acompañamiento profesional, estas dificultades pueden abordarse. La terapia sexológica ofrece un espacio de escucha, comprensión y aprendizaje donde trabajamos para recuperar una relación más sana, libre y placentera con la sexualidad.
Muchas personas llegan a consulta sintiéndose rotas, como si hubiera algo mal en ellas. Pero no se trata de que estés roto o rota, sino de entender qué te está pasando y por qué.
En terapia sexológica, trabajamos desde el respeto absoluto, sin juicios, y con el objetivo de:
Cada proceso es único. No hay recetas generales, porque cada persona vive su sexualidad de forma distinta. Pero lo que sí puedo decirte es que la vergüenza se disuelve cuando hay comprensión, y que muchas veces, lo que parecía un problema imposible de resolver, empieza a cambiar con el primer paso: hablarlo.
Si estás en pareja, las disfunciones sexuales pueden generar distancia, malentendidos o frustración. A veces, uno de los miembros se siente culpable, y el otro no sabe cómo acompañar.
La terapia sexológica también puede ser en pareja. Trabajamos para recuperar la complicidad, revisar la forma en que se comunican y crear un espacio de intimidad donde el deseo pueda florecer sin presión.
En estos casos, lo más importante es que ambos estén dispuestos a mirar lo que ocurre con curiosidad y cuidado, sin convertirlo en una lucha, sino en un camino compartido.
La sexualidad no debería vivirse con sufrimiento. Si algo no va bien, no tienes que resignarte. Desde la terapia sexológica, podemos trabajar para recuperar el placer, el deseo y la conexión contigo y con los demás.
Si te resuena lo que has leído, si llevas tiempo sintiéndote desconectado de tu deseo o si quieres entender qué está pasando, te invito a visitar mi página web: Alejandro Psicología. Estoy aquí para acompañarte.